Descuida, no eres un fraude: Lidiando con el Síndrome del impostor

Soy un fraude. Mi trabajo lo conseguí por pura suerte. ¿Y si mis compañeros se dan cuenta de que en realidad no soy tan buena? Cuando el Síndrome del impostor se apodera de tu mente, una avalancha de inseguridad y autosabotaje ocupa la mayoría de tus pensamientos diarios.
Y es bastante común.
Este fenómeno es bien conocido y estudiado desde la década de los 70’s. Introducido por primera vez por la psicóloga Pauline Rose Clance luego de identificar experiencias similares en un grupo de mujeres de alto performance laboral.
El Síndrome del impostor representa sentir que cada logro es un falso positivo, cada buen resultado, buena suerte o mera coincidencia, creando un miedo constante a ser descubiertos o expuestos como un fraude.

De acuerdo con The Journal of Behavioral Science, 70% de las personas experimentan este desorden cognitivo.

Los cinco tipos de “Impostores”

En The Secret Thoughts of Successful Women (disculpen la referencia basada en un libro sobre éxito), la Dr. Valerie Young define cinco variantes de este fenómeno:

Perfeccionista: Enfocados en cómo se ejecutan las cosas. Todo debe hacerse a la perfección, cualquier falla pone en duda sus capacidades. Los perfeccionistas tienen a fijar metas extremadamente alejadas de la realidad, e incluso un 99% de éxito puede ser un fracaso absoluto. Se observan comportamientos de micromanaging en esta categoría.

 

Experto: Siempre asintiendo con la cabeza a cualquier idea. Los expertos temen ser percibidos como estúpidos o ignorantes. Necesitan la validación de certificaciones y entrenamientos antes de iniciar un proyecto grande, y no aplican a puestos de trabajo si no cumplen en su totalidad los requerimientos. Preguntar o comentar en una junta es una situación de riesgo con el potencial de exponer su carencia de conocimiento.

 

Genios de nacimiento: Para este grupo, un primer intento fallido es un claro indicio de que no cuentan con el talento o las habilidades innatas. Los Genios de nacimiento esperan lograr todo a la primera. Obstáculos y dificultades en el camino los hacen pensar que tal vez, lo que buscaban lograr no era para ellos.

 

Soloista: Deben hacer todo por ellos o ellas mismas. Para los Soloistas, pedir ayuda es humillante y un indicio de debilidad. Todo logro debe ser personal y por su cuenta.

 

Superpersonas: Ser un estudiante, hermano, esposa, jefa, amigo, madre ejemplar, etc. no debería resultar complicado. Está variante trabaja muy duro para demostrar que pueden con cada rol y detalle de sus vidas. Si no entregan todo al 100%, son un fracaso.

Hay un claro patrón en todas estas variantes: el miedo al fracaso. Y eso es música para nuestros oídos.

Superando el Síndrome del impostor

Hay muchas maneras de abordar el Síndrome del impostor. En Fuckup Nights, somos afines al concepto de Self-efficacy de Albert Bandura. De acuerdo con Bandura, Self-efficacy es:

 

“la percepción de una habilidad para tener éxito en ciertas tareas.”

 

En otras palabras, se trata en creer en nuestra propia capacidad de organizarnos y ejecutar ciertas tareas. Esto es exactamente lo opuesto al Síndrome del impostor, el cuál es una falta de creencia en nuestras habilidades.

 

Bandura propone cuatro acciones concretas para impulsar nuestra Self-efficacy:

 

Enactivar nuestra experiencia maestra: Se refiere a alejarnos de la creencia de que nuestros avances fueron producto de la suerte y reconocer los sistemas detrás de nuestros logros ¿Cómo llegué está o aquella meta? ¿Qué procesos seguí? ¿Qué buenas prácticas apliqué? Es importante reconocer nuestros procesos y apegarnos a nuestros sistemas para demostrarnos que nuestros logros no son por golpes de suerte, son por nuestras habilidades.

 

Experiencia Vicaria: Uno de las grandes problemáticas con el Síndrome del impostor es la constante comparativa con otros, incluyendo con nuestros ejemplos a seguir. Tendemos a apuntar alto, a enfocarnos en tratar de ser como nuestra CEO ejemplar. Pero tal vez estamos apuntando a la persona incorrecta.

 

Y con apuntar no nos referimos a comparar, nos referimos a observar.

 

Bandura explica que si observamos trabajar a personas con habilidades similares o ligeramente superiores, podemos aprender y obtener más información útil sobre nuestras propias capacidades. En vez de compararte con lo mejor de lo mejor, observa a tus colegas: ¿Cómo trabajan? ¿Qué tienen en común?

 

Persuasión social: El Síndrome del impostor desestima nuestros logros, resultados y habilidades, dejándonos con dudas sobre nuestro valor. A veces, sólo necesitamos  un poco de motivación externa para superar esos pensamientos.

 

La persuasión social es una sana dosis de retroalimentación positiva y sincera. Mejor aún cuando se trata de retroalimentación de parte de algún experto en el área, y siempre enfocada en reconocer habilidades y no el arduo trabajo (recordemos que el Síndrome del impostor desmerita habilidades, no nuestra capacidad de trabajar). Es importante reconocer que la persuasión social, puede generar una necesidad de complacer a externos, por lo que es importante encontrar un balance entre esta y los demás puntos del self-efficacy.

 

Estados emocionales: Sentirse como un impostor puede generar síntomas en nuestro cuerpo. Tal vez un tic nervioso, una agitación cardiaca, mal humor o irritabilidad. Pero debemos tener en cuenta que esos síntomas se pueden derivar por malos hábitos de sueño, de alimentación o depresión, y muchas veces no tiene nada que ver con nuestras habilidades en el trabajo.

 

Cuando nuestra mente está ocupada creando ilusiones alrededor del Síndrome del impostor, las emociones y síntomas físicos pueden ser malinterpretados, reforzando así esos sentimientos de desestimación. Es impoartante tomarse un tiempo para genuinamente preguntarnos por qué nos sentimos de sa manera. Replantear nuestras propias emociones y síntomas de acuerdo a factores independientes de nuestra vida profesional.

El poder de la vulnerabilidad

El concepto de Self-efficacy es una herramienta muy útil,  sin embargo, creemos en Fuckup Nights que hay otras maneras colectivas de enfrentar el Síndrome del impostor. Abordando el fracaso durante años, nos dimos cuenta del poder que reside en ser vulnerable y el ser abierto respecto a nuestras frustraciones y miedos. Nos hace sentido usar este mismo enfoque contra el Síndrome del impostor, el cual esconde un profundo miedo al fracaso.

Este fenómeno se desarrolla en silencio, apareciendo en ambientes herméticos donde la gente se guarda sus miedos, dudas y preocupaciones. Del 70% de personas que padecen este síndrome, ¿cuántas realmente lo platican entre ellos? Hablar y exponer el problema, normaliza esta experiencia compartida y genera conciencia, ayudando a la gente a romper el aislamiento, miedo y verguenza.

Además de crear un sentido de experiencias compartidas, ser abierto respecto al Síndrome del impostor ayuda a nivelar el campo de juego profesional, enseñando la realidad detrás del “éxito”, la cual ayuda a calmar las propias expectativas de ser perfectos.

Conectar a través de un miedo en común al fracaso, ayuda a humanizar los líderes y ejemplos a seguir, revelando cuán imperfecto puede resultar el “éxito”. Demuestra que hasta la persona más exitosa está llena de inseguridades y dudas.

Y no, no necesitas organizar una Fuckup Nights privada en tu compañía pra tratar estos temas con tu equipo de trabajo. 😉 Durante las comidas, en el elevador, en los corredores, cualquier conversación puede encaminarse a compartir.

El Síndrome del impostor, como el fracaso, es universal y no hay formulas mágicas para contrarrestarlo. Es importante alzar la voz y mostrar las dificultades detrás del éxito. Es un problema real, compartámoslo.

#Sharethefailure